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Bienestar

¿Cómo tener una relación más saludable con la comida?

Saber diferenciar los tipos de hambre es importante para entender mejor nuestro comportamiento alimentario y construir una mejor relación con la comida.

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Muchas personas tienen una relación conflictiva con la comida porque frecuentemente buscan en las comidas una especie de refugio para sus problemas. Es lo que llamamos hambre emocional. Fíjese bien, no hay problema en buscar consuelo en la comida de vez en cuando. Todos lo hacemos, hasta porque el acto de comer va mucho más allá de nutrir el propio cuerpo: está relacionado con aspectos conductuales, emocionales, culturales, sociales y psicológicos.

El problema es que el hambre emocional, una vez saciada, la mayoría de las veces provoca un sentimiento de culpa o tristeza, que es cuando la persona percibe que el consuelo que encontró en aquella comida era apenas temporal y las sensaciones negativas prevalecen.

 

¿Cómo identificar el hambre emocional?

A diferencia del hambre física, es bastante selectiva. Difícilmente alguien comerá un plato de brócoli con remolacha para “ahogar” las emociones. Lo más común es recurrir a dulces, snacks, helados y frituras, alimentos ricos en azúcar, sal y grasa, que son gratificantes para el cerebro.
El hambre física, a su vez, no es selectiva: cualquier alimento que sea de su agrado servirá para suplirla. Y podemos identificar señales del cuerpo cuando tenemos hambre, como sensación de estómago vacío, dolor de cabeza e irritabilidad.

Saber diferenciar los tipos de hambre es importante para entender mejor nuestro comportamiento alimentario y construir una mejor relación con la comida. También es importante no hacer restricciones, pues si usted corta completamente un alimento o grupo alimenticio del menú, el riesgo posterior de tener un episodio de descontrol es mucho mayor. Además, intente encontrar placer en otras comidas además de las “gratificantes”. Usted puede satisfacerse con una comida simple y bien sazonada, una receta especial de la familia o un plato típico de un lugar que le guste, por ejemplo. Otro punto importante es que los alimentos que buscamos para suplir el hambre emocional no deben sustituir nuestras comidas. Si es posible, intente cocinar más, trabajar con alimentos naturales (frutas, legumbres y verduras) y prestar más atención a los productos que compra.

Para quien tiene una relación muy complicada con la comida, recorrer ese camino no es tarea fácil y, muchas veces, es necesario contar con ayuda profesional. El acompañamiento con profesionales de psicología y nutrición enfocados en el comportamiento alimentario puede ayudar.

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