La Importancia del Glutamato y la Glutamina para el Intestino de los Lactantes
Autor(a):
Hellen Dea Barros Maluly (MALULY, H.D.B.)
Farmacéutica y Doctora en Ciencia de los Alimentos
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Publicación: 28 de October de 2021
Resumo
La ciencia no imaginaba que el glutamato y la glutamina—aminoácidos producidos por el organismo—podrían aportar beneficios desde la formación del cuerpo humano. Sus funciones comienzan en el período fetal y se extienden hasta la primera alimentación, ya que la leche materna contiene concentraciones considerables de estos aminoácidos en forma libre, alcanzando aproximadamente el 50 % en el caso del glutamato. Además de servir como fuente de energía para las células intestinales, también pueden ayudar a formar barreras contra la entrada de microorganismos patógenos, es decir, pueden participar en funciones del sistema inmunológico.
Palavras-chaves: glutamato, glutamina, intestino, lactante, sistema inmunológico.
La ciencia es clara respecto a la importancia de la lactancia materna durante los primeros seis meses de vida, ya que proporciona los nutrientes necesarios y protección inmunológica al bebé. Parte de estos beneficios se debe a la presencia de los aminoácidos glutamato y glutamina—esta última también formada a partir del glutamato. La composición de la leche materna humana, a diferencia de la de otras especies de mamíferos, está específicamente adaptada para satisfacer todas las necesidades nutricionales en los primeros meses de vida, como se informa en el capítulo “El glutamato en la leche materna y el desarrollo del intestino del lactante”, escrito por el pediatra Manoel Baldeón y la investigadora Nancy Flores, publicado en 2021 en el libro Umami y Glutamato: aspectos químicos, biológicos y tecnológicos, editado por el Dr. Félix Reyes, de la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP).
La leche materna contiene componentes que protegen al lactante de infecciones y regulan la respuesta inmunológica en el intestino, que puede activarse por la ingestión de alimentos y/o cualquier sustancia que no sea leche materna (Baldeón & Flores, 2021).
También contiene sustancias como pequeños péptidos, urea, creatinina, ácidos nucleicos, aminoácidos libres, entre otros elementos que influyen en el crecimiento y desarrollo del intestino del lactante, formados por el nitrógeno no proteico (NPN), es decir, el nitrógeno no presente en proteínas (Baldeón & Flores, 2021).
Entre los aminoácidos libres, el glutamato—responsable del sabor umami—es un aminoácido no esencial (que produce el propio organismo) y el más abundante en la naturaleza. Su concentración en la leche materna aumenta después de los primeros tres meses de lactancia, alcanzando aproximadamente el 50 % del total de aminoácidos libres (Zhang et al., 2013), desempeñando funciones fisiológicas fundamentales para el lactante. Entre estas funciones está la de proporcionar energía a las células epiteliales del intestino.
Incluso durante periodos prolongados de ayuno—cuando disminuyen las concentraciones de aminoácidos libres en la leche materna—las concentraciones de glutamato y glutamina (un aminoácido no esencial sintetizado a partir de glutamato y amoníaco, y también presente en la leche) se mantienen. Esto sugiere la existencia de un mecanismo regulador que prioriza su síntesis y liberación para que el lactante continúe beneficiándose (Li et al., 2004).
Sin embargo, para que todas las sustancias y nutrientes de la leche cumplan sus funciones, el tracto gastrointestinal del lactante debe estar capacitado para recibirlos, digerirlos y absorberlos. En otras palabras, el intestino del bebé debe estar preparado al nacer. Durante el período fetal, el líquido amniótico proporciona nutrientes, factores de crecimiento, hormonas, células inmunológicas, oligosacáridos no digeribles, entre otros, que promueven el desarrollo estructural y funcional del intestino.
Una de las funciones de las células intestinales es ofrecer protección frente a los microorganismos patógenos, impidiendo su contacto con la pared intestinal. Esto se logra mediante una barrera formada por células epiteliales estrechamente unidas, llamadas tight junctions. Esta barrera, junto con el moco secretado en la luz intestinal, impide la entrada de contenido no deseado al organismo (Li et al., 2004; Burrin & Stoll, 2002).
En este contexto, algunas investigaciones indican que la glutamina—sintetizada a partir de glutamato o ingerida en la dieta—contribuye tanto a la producción de moco como al mantenimiento de las tight junctions (Li et al., 2004; Burrin & Stoll, 2002).
Además, existe otro componente del sistema inmunológico ubicado debajo de todo el tejido gastrointestinal, desde la boca hasta el ano: el tejido linfático asociado al intestino, conocido como GALT. Es en este tejido donde se inicia la respuesta inmunológica y se procesan los antígenos. El glutamato influye sobre el GALT, potenciando sus efectos (Li et al., 2004; Burrin & Stoll, 2002).
El glutamato también participa en la síntesis de glutatión, un tripéptido que transporta aminoácidos y posee funciones antioxidantes. En situaciones de estrés intestinal, el glutamato ayuda a eliminar radicales libres y protege contra el daño funcional y estructural (Baldeón & Flores, 2021; Li et al., 2004; Burrin & Stoll, 2002).
En conclusión, está cada vez más claro que el glutamato, principal responsable del sabor umami, no solamente añade un toque especial al sabor de los alimentos, sino que también es fundamental en diversos procesos metabólicos desde el desarrollo hasta la funcionalidad y mantenimiento del intestino, contribuyendo así al bienestar y la salud desde el nacimiento y en la vida adulta.