Áreas del cerebro relacionadas con la percepción del gusto
Autor(a):
Hellen Dea Barros Maluly (MALULY, H.D.B.)
Farmacéutica y doctora en Ciencias de la Alimentación. Su CV está disponible en: http://lattes.cnpq.br/2754275781355863
Publicación: 2 de July de 2021
Resumen
Cuando una sustancia gustativa entra en contacto con su receptor específico, el cerebro percibe el estímulo casi de inmediato. Sin embargo, se desconoce que este proceso cerebral no es tan simple y depende de factores como el aprendizaje y la memoria para producir una recompensa placentaria.
Palavras-chaves: gusto, sensaciones gustativas, umami, cerebro, memoria
Los sentidos del cuerpo humano siguen intrigando a los investigadores, quienes intentan descubrir diferentes aspectos, desde el primer contacto de un estímulo con el órgano sensorial hasta su llegada al cerebro.
Estudios realizados en animales, como roedores y humanos, y también en humanos, han mostrado diferentes estímulos sensoriales relacionados con la comida, como el gusto y el olfato, y han observado una tendencia a realizar acciones para recibir una recompensa o incluso para escapar de estímulos que causan angustia. Esto ayuda a reforzar la retención de estas acciones en la memoria corporal y puede ser fundamental para la supervivencia (Kadoshima, 2013). Un ejemplo de esto es la sensación del gusto, ya que el amargor, a menudo causado por sustancias presentes en plantas tóxicas, es evitado por los animales que han aprendido a asociar los sabores de las plantas con su sabor, lo que a su vez indica la presencia de sustancias tóxicas que podrían causar daños a sus cuerpos.
La comida es la primera fuente de energía que los humanos buscan para sobrevivir. Durante el desarrollo, se requieren fuentes de energía metabólica rápida, como los carbohidratos. Algunos carbohidratos también pueden aportar un sabor dulce, haciéndolos más atractivos (de Araújo, 2011).
Investigaciones más recientes, publicadas desde el año 2000, han descubierto que sustancias como el aminoácido glutamato también aportan beneficios al organismo. Están presentes en la leche materna, aportando energía a las células intestinales y también aportando otro sabor, el umami, que estimula al cerebro a buscar placeres en el paladar (Schwartz et al., 2013; de Araújo et al., 2003).
Pruebas de neuroimagen y registros neuronales en humanos han demostrado que las principales regiones cerebrales responsables de las sensaciones gustativas son la corteza gustativa primaria (que forma parte de la corteza insular anterior, el opérculo) y sus dianas, incluyendo la corteza orbitofrontal, también llamada corteza gustativa secundaria, y la corteza cingulada anterior. La corteza gustativa secundaria es responsable de recibir las sensaciones placentarias, y la corteza cingulada anterior refleja la intensidad del estímulo. En el caso específico del sabor umami, las pruebas revelaron que su representación en la corteza orbitofrontal medial tiende a producir sensaciones placentarias. Sin embargo, cuando el umami se combina con un aroma agradable, estas regiones se activan con mayor intensidad, lo que demuestra que el gusto y el olfato deben trabajar en conjunto para realzar el sabor y el lugar de los alimentos (de Araujo et al., 2003; Rolls, 2009).
Las mismas pruebas también revelaron que estímulos separados y combinados de sabor, temperatura y textura produjeron diferentes intensidades en cada individuo al introducir los alimentos en la boca. Estas diferentes intensidades podrían implicar una modulación cognitiva y atencional, lo que podría explicar por qué algunas personas tienden a comer más o menos, con más o menos cantidad de comida (Rolls, 2012; Rolls, 2019).
A través de estos estudios, es posible verificar que las diferentes sensaciones que proporcionan los alimentos deben estimularse desde los primeros años de vida, lo que ayuda a las personas a diversificar su dieta y ampliar sus conocimientos nutricionales.
La alimentación es esencial para la vida, por lo que se recomienda presentar todos los sabores básicos (dulce, salado, ácido, amargo y umami), aromas y texturas en proporciones suficientes, por separado o combinados, para permitir la creación de nuevas experiencias gastronómicas y enriquecer la experiencia de vida.
Referencias
- Kadohisa M. Effects of odor on emotion, with implications. Frontiers in Systems Neuroscience 2013; 7(66).
- de Araujo IE. Sweet taste signaling and the formation of memories of energy sources. Front Syst Neurosci. 2011; 29;5:99.
- Schwartz C, Chabanet C, Laval C, Issanchou S, Nicklaus S. Breast-feeding duration: influence on taste acceptance over the first year of life. Br J Nutr. 2013, 109(6): 1154-61.
- de Araujo IE, Kringelbach ML, Rolls ET, Hobden P. Representation of umami taste in the human brain. J Neurophysiol. 2003 Jul;90(1):313-9.
- Rolls ET. Functional neuroimaging of umami taste: what makes umami pleasant? Am J Clin Nutr. 2009; 90(3): 804S-813S.
- Rolls ET. Taste, olfactory and food texture reward processing in the brain and the control of appetite. Proc. Nutr. Soc. 2012, 1–14.
- Rolls ET. Taste and smell processing in the brain. In: Doty RL. Handbook of Clinical Neurology – Smell and Taste. V. 164; 3a rd. Amsterdam: Netherlands, 2019.