Umami en tu cocina
Está en el tomate, el queso, el pescado… en muchos alimentos de tu día a día. Mira dónde encontrar el quinto gusto básico.
Intentar introducir nuevos alimentos en la comida de los niños a veces parece una tarea muy complicada. Hacer que los pequeños acepten una papilla con zanahoria o durazno es bastante difícil. Pero pruebe ofrecer un chocolate o una papa frita…
El secreto es hacer que los niños conozcan y experimenten los cinco sabores (umami, dulce, salado, ácido y amargo) desde temprano. Esa es una forma de evitar que los niños condicionen las papilas gustativas a sentir solo algunos de ellos con más intensidad, “apagando” los demás receptores para otros sabores.
Los niños con el paladar condicionado tienden a tener, en la vida adulta, una alimentación restringida y pobre. ¿Sabe ese amigo que no sabe lidiar con verduras y huye de la ensalada, con la justificación de tener un “paladar infantil”? Pues bien. Probablemente tuvo una mala educación alimentaria cuando era pequeño.
Fenómeno semejante ocurre con los niños obesos. De acuerdo con un estudio alemán de la Universidad de Dresden, ellos nacen con menos sensibilidad en las papilas gustativas en comparación con los de peso normal, lo que hace que tengan menor percepción de los cinco sabores. Es este factor el que lleva a esos pequeños a comer más, en un intento incesante de registrar la sensación de sabores. Así, se entiende la importancia de reconocer todos los sabores. ¡Sentirlos bien significa comer bien!
Amamos umami desde temprano
Hacer que el niño coma bien es el objetivo de todos los que conviven con él. Para no luchar con su bebé más tarde a la hora de la comida, el sabor umami puede ser su gran aliado. Incluso antes de que usted lo perciba, ya lo está ayudando. La leche materna es rica en glutamato, sustancia que confiere el quinto sabor y también tiene una función fisiológica muy importante: el desarrollo intestinal. Eso sin contar los varios otros beneficios, como el fortalecimiento del sistema inmunológico, por ejemplo.
Y los estudios garantizan la palatabilidad del sabor umami. Publicada en el libro “Umami: un sabor básico” (1987), la investigación del profesor J. E. Steiner, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, reveló que los recién nacidos perciben y aceptan bien el umami desde los primeros días de vida. Tras entrar en contacto con cada sabor, el investigador notó que después de sentir lo dulce y el umami, los pequeños mostraban una expresión satisfecha y “alegre”.
Después de la fase de lactancia, la recomendación oficial de la OMS (Organización Mundial de la Salud) es que se incluyan, de dos a tres veces al día, otros alimentos. Entre el sexto y octavo mes de vida, la alimentación debe contener todos los sabores. Y atención a la fase hasta los dos años, ya que es en ese período en que se moldea el paladar.
Con facilidad para unirse a otros sabores y capacidad de acentuar el sabor de los alimentos, el umami hace que las comidas saludables sean más atractivas. Una ensalada de rúcula puede ser muuuuuy insípida para un niño. Pero intente añadir tomates, un poco de queso y una pequeña cucharada de salsa de soya (todo muy umami). ¡Listo! Mucho más atractivo para los niños.