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Bienestar

Cómo evitar la congestión de la leche materna

Vaciar completamente el pecho antes de la próxima toma es una de las orientaciones para evitar la “congestión” de la leche materna. ¡Vea otros consejos!

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Fortalecimiento de la inmunidad, prevención de enfermedades, combate a la obesidad y desarrollo cognitivo están entre los diversos beneficios que la lactancia proporciona al bebé. Para las madres no es diferente: además de favorecer la involución uterina, reduce riesgos de hemorragias posparto y protege contra el cáncer de mama.

Sin embargo, mucha gente conoce casos en los que la leche se “endurece”, imposibilitando a la madre amamantar.

“Para evitar la ocurrencia de ingurgitación mamaria (término médico para la congestión o exceso de leche), es necesario dejar que el bebé mame a libre demanda, lo que también ayudará a vaciar el pecho”. La afirmación es de Camila de Souza, enfermera especialista en Urgencias, Emergencias, Terapia Intensiva y Gestión en Salud, que actúa en el área de salud pública con énfasis en Atención Básica, Salud de la Mujer y Red Cegonha.

Para la enfermera, no existe tiempo ni hora exacta para amamantar. “En los primeros meses, el bebé aún no tiene una rutina de tomas. Esta será adquirida con el tiempo. Por eso, el pecho debe ser ofrecido siempre que el bebé lo pida. Si aún así ocurre la ‘congestión’, la mujer debe realizar la extracción del exceso de leche con las manos”, explica.

Entre las razones que llevan a la ingurgitación mamaria, Camila cree que están asociadas a la succión inadecuada del bebé y al vaciamiento incompleto del pecho. “Fisiológicamente hablando, tal cuadro se debe al aumento de la vascularización, a la acumulación de leche, a la formación de edema (hinchazón) y a la obstrucción del drenaje del sistema linfático, factores que comprometerán el flujo de la leche e incluso interrumpirán su producción.”

Los síntomas son fácilmente reconocibles. Hay aumento del volumen del pecho, presencia de áreas enrojecidas en los senos, dolores intensos, hinchazón, sensación de malestar y, en algunos casos, fiebre. Los pezones también pueden quedar aplanados, dificultando aún más la salida de la leche.

De acuerdo con la enfermera, el acto de amamantar es el principal mecanismo para fortalecer los lazos afectivos entre madre e hijo y debe ser exclusivo hasta los seis meses de vida del bebé. “Está contraindicada la oferta de agua, tés, jugos, caldos y papillas”, complementa.

Como recomendación final, Camila resalta la importancia de la leche materna para la prevención de enfermedades como diabetes, hipertensión arterial sistémica, obesidad, síndromes metabólicas y enfermedad celíaca. “Es un método práctico, de libre oferta y sin costo que fortalecerá la inmunidad del bebé y disminuirá el riesgo de muertes neonatales”.

Algunos consejos de Camila de Souza para evitar la “congestión” de la leche:

  1. Amamantar precozmente al bebé, justo después del nacimiento;

  2. Amamantar a libre y espontánea demanda (cuando el bebé lo pida);

  3. Vaciar completamente el pecho antes de ofrecer otra toma;

  4. Usar sostenes cómodos y con buen soporte;

  5. No ofrecer té, agua u otras leches que puedan causar el destete precoz;

  6. No ofrecer chupetes ni biberones, pues perjudican la respuesta de succión del bebé;

  7. Posicionar adecuadamente al bebé. No existe una única forma correcta, pero es importante que el bebé quede de frente al pecho, sin necesidad de girar el cuello para mamar. Recordando que el bebé debe abarcar buena parte del seno, incluyendo, además del pezón, la areola, principalmente la porción inferior.

Si aun así la “congestión” se desarrolla, algunas medidas pueden mejorar el cuadro y aliviar los síntomas:

  1. Retirar el exceso de leche con las manos (ordeño manual);

  2. Realizar masajes en los pechos (movimientos circulares);

  3. Realizar compresas frías de, como máximo, 20 minutos entre las tomas.

Y atención: si esas medidas no fueran eficaces, consulte a un médico para volver a la normalidad y retomar la lactancia lo antes posible.

Leche materna: alimento umami con muchos nutrientes

No es por casualidad que la leche materna es considerada el alimento más completo para los bebés. Además de ser fuente de proteínas (caseína, del suero y albúmina), posee grasas buenas (que proporcionan energía), carbohidratos como la lactosa, minerales (calcio, hierro y zinc), vitaminas A, D, E, K, C y del complejo B y anticuerpos que protegen a los bebés de enfermedades.

De acuerdo con Camila de Souza, la leche materna sufre variaciones según la etapa de la lactancia, que se divide en:

  • Calostro: leche secretada hasta una semana después del parto, con proteínas, vitaminas A y E e inmunoglobulinas que protegen al bebé contra virus y bacterias. Posee menos lactosa y grasas que la leche madura. Es responsable del crecimiento de la microbiota intestinal y posee Lactobacillus bifidus, bacterias que mejoran la función digestiva.

  • Leche de Transición: fase que ocurre entre el 7º y 14º día después del parto, y presenta aumento del volumen de la leche y estabilización de la composición anterior.

  • Leche Madura: su composición varía durante las fases de la lactancia y contiene vitaminas A, B6 y D, calcio, hierro y zinc.

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