Umami en tu cocina
Está en el tomate, el queso, el pescado… en muchos alimentos de tu día a día. Mira dónde encontrar el quinto gusto básico.
Al brasileño le gusta un buen condimento en la comida. Pimienta, dendê, comino, orégano, cilantro y muchos, muchos otros. Pero hay uno, en especial, que está en la lista de los más queridos: la sal.
Nos gusta tanto, tanto, que consumimos 2,5 veces más sodio (componente presente en la sal) que lo recomendado por la OMS (Organización Mundial de la Salud). La cantidad ideal es 2 g por día, pero ingerimos 5 g diariamente.
Solo que poner más sal de lo recomendado no va a dejar solamente la comida salada, también va a comprometer el buen funcionamiento de su cuerpo, incluso el de su riñón.
Cuando el alimento que ingerimos llega al intestino, ocurre la absorción de nutrientes, que son descompuestos en moléculas y enviados al torrente sanguíneo. Si el alimento está muy salado, gran cantidad de sodio irá a la sangre.
Constantemente, la sangre pasa por los riñones para ser filtrada, con el fin de eliminar nutrientes no beneficiosos y volver purificada al organismo. Pero, de todo lo que pasa por el filtro, apenas un 1% es expulsado por la orina, que necesita agua para ser formada.
Sin embargo, el sodio tiene gran capacidad osmótica, “succionando” parte del agua presente en la sangre. Por lo tanto, el riñón no consigue deshacerse de esos excesos por falta de líquido para formar la orina y buena parte del sodio vuelve al cuerpo.
Y ahí comienza el círculo vicioso: los riñones mandan esas partículas de vuelta al organismo, que más tarde van a regresar y nuevamente no conseguirán ser eliminadas.
En ese ir y venir, los riñones empiezan a acumular impurezas que, aglomeradas, pueden transformarse en cálculos renales.
Cómo reducir la sal:
Uno de los consejos es añadir a la lista de condimentos el glutamato monosódico, que posee 1/3 del sodio que contiene la sal y todavía realza el sabor de los alimentos.
Es decir: con el glutamato la comida no queda insípida y se vuelve más saludable.
Una buena salida para quien no renuncia al paladar y a la salud, ¿cierto?
¡Vea si usted está exagerando con la sal que coloca en el arroz y en los frijoles!